Nuestro Ñato

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Ñato fue un perro grande, con una gran sonrisa y un gran corazón. Era un alma gentil, amado por todos, humanos o animales. Llegó a nosotros después de ser rescatado de la calle, lo colocamos en varios hogares pero siempre era devuelto porque “no funcionó”. Él deseaba dar amor, no gruñir. Ñato terminó viviendo conmigo y con mi esposo. Con el correr del tiempo, este gentil gigante se volvió viejo, como nos pasa a todos. Primero empezó con problemas para caminar por lo que hizo incontables visitas al Hospital veterinario de la Universidad Nacional, siempre bajo el vigilante cuidado del Dr. Mauricio Jiménez. Pero ni aun el Dr. Jiménez pudo curar los estragos de la edad por lo que Ñato debió pasar un tiempo en silla de ruedas, hasta que ya no pudo caminar. Lo manteníamos sobre un colchón y periódicamente lo cambiábamos de posición para que no se le formaran llagas.

 

Aun comía, bebía y le encantaba que lo abrazaran y acariciaran. Los demás perros de la casa tomaban turnos para sentarse al lado de Ñato y acicalarlo. Esta fue una gran oportunidad para constatar como los animales pueden darse amor unos a los otros. Nato_1

Eventualmente, la salud de Ñato empezó a declinar y murió una noche, pacíficamente, mientras dormía. Fue un animal muy noble y, aunque todos los animales son especiales, había algo en Ñato que nos impulsó a inmortalizar su recuerdo.

Ñato, te extrañamos, nunca te olvidaremos y, en tu nombre, continuaremos trabajando para salvar vidas de tus hermanos animales, para darles una segunda oportunidad.

 

Karin Hoad
Directora Animales de Asís

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